¡Llegó el gran día!

 

Auguraba nubes y lluvia… pero como bien se dice, ¡al mal tiempo buena cara!

Cámara en mano fuimos a casa de la novia, donde el torbellino solo parecía más calmado por la sorprendente tranquilidad de Rut. Sin dejarse llevar por los nervios, empezaron los preparativos.

Desde el primer momento, Rut estaba tan guapa como solo se puede estar en un día tan decisivo como este. La sesión de maquillaje y peluquería estuvo acompañada de cada familiar y amigo que venía a hacer más amena la espera. Y mientras tanto, Rut fiel a su forma de ser, seguía atenta a cualquier detalle. Quién diría que una mañana podía cundir tanto como le cundió a ella.  Por otro lado, el novio dejó llevarse por lo nervios. Para desconectar, decidió aprovechar la mañana para hacer una buena ruta de tapas, ¡¡qué mejor día!!. Padre e hijo, y algún que otro invitado más, celebraron las últimas horas de soltería de Sergio entre cerveza y cerveza. Hora y media antes de la boda, apareció el novio y su séquito en casa para vestirse y arreglarse. A pesar de que las manillas del reloj recordaban a cada segundo que el tiempo corría, todos estaban listos y en sus puestos a la hora y en el lugar acordado.

La ceremonia fue tan bonita como cabía esperar. Alguna que otra lágrima, muchas sonrisas, palabras que marcan un antes y un después… y al fin la pareja estaba felizmente casada. Ahora ya solo quedaba celebrarlo y pasarlo bien, no sin antes darse un buen baño de puñados de arroz. Entretanto, los invitados esperaban a los novios... hasta que Rut y Sergio hicieron su entrada triunfal y de nuevo, acabaron sorprendiéndonos. Inesperadamente, Sergio se colocó frente al micrófono y sin más dilación, nos deleitó con una bonita canción dedicada a su reciente esposa.

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